Incapacidad laboral por trastorno bipolar

El trastorno bipolar, conocido por trastorno afectivo bipolar (TAB), describe un trastorno del estado de ánimo caracterizado por la presencia de uno o más episodios con niveles elevados de energía, cognición y estado de ánimo.

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Esta enfermedad puede conllevar una incapacidad en la vida laboral normal. Dependiendo del modo en que afecte a nivel laboral, los que la sufren pueden verse incapacitados en mayor o menor medida para realizar las labores habituales en su puesto de trabajo. En España los que la sufren, pueden obtener la incapacidad laboral por trastorno bipolar.

Las primeras menciones al TAB, las encontramos mil años después de la caída del imperio Romano, cuando la hipótesis humoral de la que hablaban los griegos se impuso como la teoría de la causa de la depresión y la manía (cambios en el estado de ánimo). Dicha hipótesis afirmaba que la melancolía (depresión) era causada por un fluido corporal, conocido como la bilis negra, mientras que la manía (locura) era causado por otro llamado entonces bilis amarilla.

Hasta 1854 no se llegó a la conceptualización psiquiátrica contemporánea de este trastorno, cuando el neurólogo y psiquiatra francés Jules Baillarger describió a la Academia de Medicina del Imperio Francés una enfermedad mental de dos fases que causa oscilaciones entre la manía y la depresión.

En la actualidad, un porcentaje cercano al 2 % de los habitantes del planeta (144.000.000) padecen trastorno bipolar.

Orejas que hablan, corazón que no siente

En muchas ocasiones nuestro propio cuerpo nos habla si algo no va bien con nuestra salud. Sólo hay que escucharle. Cuando no habla, sólo basta con fijarnos bien y veremos. Como decía el Principio: «lo esencial es invisible a los ojos«. Así pues, un estudio que se ha presentado en el Congreso de Enfermedades Cardiovasculares ha revelado que tener una doblez en ambos lóbulos de las orejas está directamente relacionado con la posibilidad de poder sufrir infarto o ictus.

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Tras realizarlo el estudio, se comprobó que el 48,9% de los pacientes con antecedentes de accidente cerebrovascular y el 45,8% de los sujetos con antecedentes de infarto, presentaba este pliegue. La tasa disminuía al 27,8% en los sujetos sin antecedentes de ictus y se reducía a la mitad en aquellos sin infarto, siendo del 28,2%.

Para llegar a estas conclusiones se analizaron a unos 300 sujetos cuyas orejas fueron fotografiadas y clasificadas según las características del pliegue. La oreja y la nariz son los únicos órganos que crecen durante toda la vida, por ello, cuando una persona padece enfermedad de las arterias coronarias también es propensa a sufrir pequeñas lesiones vasculares en diversas zonas. Si esas lesiones se dan en la oreja, se produce un crecimiento desigual haciendo aparecer la mencionada doblez o pliegue.

Asimismo, si observas tu oreja y ves el pliegue sería recomendable acudir a un chequeo médico porque es probable que seas hipertensos, diabéticos o hipercolesterolémicos. Así  se podrán prevenir futuras complicaciones cardíacas y sustos no deseados

La esquizofrenia de Van Gogh

Vincent no vendió ni un sólo cuadro durante su vida y pasó sin pena ni gloria por la época que le tocó vivir. En la actualidad, quizá sea uno de los artistas holandeses más cotizados a nivel mundial. Padecía esquizofrenia, fue un genio y la sociedad de su tiempo lo rechazó y marginó por su trastorno mental.

La esquizofrenia es una enfermedad mental que se caracteriza por un conjunto de síntomas que afectan al funcionamiento psicológico de la persona y a su contacto con la realidad. Una situación complicada a la hora de desarrollarse en el día a día y desenvolverse en el ámbito laboral. Si bien es cierto, hoy día con el adecuado tratamiento y apoyo, se puede llevar una vida normalizada y autónoma.

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Actualmente tenemos más conocimiento sobre la esquizofrenia, pero en pleno siglo XIX (Van Gogh vivió del 1853 al 1890) los registros sobre dicho trastorno eran poco frecuentes. Existían relatos sobre conductas irracionales o descontroladas, pero el estudio y las evidencias médicas eran escasas.

Durante parte de su vida, Van Gogh, sufrió de esta enfermedad maníaco-depresiva. El trastorno que padecía iba acompañado de alucinaciones, tanto de voces como de visiones; y de una epilepsia caracterizada por un estado de confusión y amnesia. Sin embargo, fue durante la irrupción de la psicosis cuando su capacidad creadora se desarrolló a nivel superlativo. De hecho, algunos de sus cuadros más famosos los pintó cuando estaba en la peor fase de su enfermedad y estuvo internado en el sanatorio de Saint-Rémy.

En el sinfín de cartas que Vincent intercambió con su querido hermano Theo, llegó a mencionarle: «Yo no tengo la culpa de que mis cuadros no se vendan, pero llegará el día en que la gente se dará cuenta de que tienen más valor de lo que cuestan las pinturas».  Entre la primavera y el verano de 1889, Vincent pintó Trigal con cipreses donde se muestra uno de los campos de trigo que rodeaban el sanatorio donde estuvo ingresado. Ciento cuatro años después fue vendido por 57.000.000$.

Vincent tenía razón.

Recordar sucesos agradables como terapia para alejar la depresión y el estrés

Recordar buenos momentos es de gran utilidad porque nos ayuda a regular mejor las emociones, a alejar la depresión y nos hace más fuertes ante el estrés.  El 40% de los españoles padece ansiedad o depresión y las personas que padecen estos trastornos son incapaces de romper de repente con su trabajo, que no pueden desarrollar con normalidad, o su familia; por lo que su curación y mejoría resulta complicado.

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Psicólogos de la Universidad de Rutgers (Nueva Jersey) estudian que ocurre en nuestro cerebro cuando recordamos buenos momentos o sucesos agradables y por qué tienen efectos tan reconfortantes y positivos en nuestro estado de ánimo.

El estudio consistió en someter a un grupo de voluntarios a una resonancia magnética para poder ver cómo y qué partes del cerebro se activaban con esos agradables recuerdos.

Lo que han observado es que revivir mentalmente los buenos momentos nos inunda de las emociones que entonces sentimos casi con la misma intensidad. Con ello se libera dopamina, un neurotransmisor que nos proporciona una sensación de euforia, pero que también contribuye a aumentar la motivación.